Pecados Capitales
by una ama de casa dignamente mediocre
julio 04, 2008
El regreso al jardín
Valentina estuvo más de cuarenta y cinco días sin ir al jardín de infantes. Estuvo enferma.
El médico especialista, quien está tratándole una afección algo compleja en el oído izquierdo, nos sugirió que esperásemos a después de las vacaciones de invierno para volver a clases, para no exponerla a posibles contagios que puedan complicar su cuadro.

-Ni en pedo!- le advertí a mi marido, en el auto, regresando a casa desde el consultorio- Eso sería un mes más con la nena veinticuatro horas hablándome y hablándome sin parar! Yo no maté a nadie. No merezco esta condena.

Obviamente, Marcelo, estaba en un todo de acuerdo con el doctor. Se trataba de protegerla de posibles riesgos. La había (la habíamos) pasado muy mal en estos días.
Intenté convencerlo de muchas maneras de que yo necesitaba recuperar aquel espacio solo mio, en soledad, silencio y tranquilidad. Le expliqué que me sentía como cumpliendo prisión domiciliaria.

No nos poníamos de acuerdo. Él quería que la nena se reponga y yo quería reponerme de la nena.

Le prometí de todo a cambio de que Valentina volviese al jardín: depilarme, dejar de fumar, hacerle mousse de chocolate todos los días, cortarme las uñas de los pies, hacerle masajitos cuando llegue del trabajo...

-Pedime lo que quieras!
-Lo que quiera...?
-Menos eso en que estás pensando, cualquier cosa. Degenerado!
-No puedo entender cómo no te importa que la nena no esté totalmente curada. Si tiene una recaída, puede quedar sorda!
-La que va a quedar sorda soy yo si sigo todo el santo día encerrada con ella en esta casa. Habla todo el tiempo, Marcelo! No para de hablar!
-Bueh...- No sé porqué, pero me dió la impresión que quiso decirme algo que no entendí.

El muy hijo de puta no negociaba.

Entonces, se me ocurrió apelar a la estrategia que jamás falla, aquella que llamo "Papito me cago". Si Valentina se lo pedía, él accedería.
Comencé a sugerirle a mi hija que fuese ella misma quien suplicase a su padre la necesidad imperiosa que tenía de volver con sus compañeros.
Usé el despertador del celular; lo programé para que, cada una hora, me recordase que tenía que cumplir con la operación "lavado de cerebro", aunque en realidad, más que lavado, fué un auténtico ensuciado del cerebro de mi pobre nena.

Fuí yendo de menor a mayor : "tus amiguitos te extrañan". "La señorita Euge tiene una sorpresita para vos". "Te estás perdiendo un montón de juegos y regalos". "Si no vas al jardin, todos se van a olvidar de vos!" "Vas a ser una analfabeta!"

Funcionó.
Bastó que Valentina le dijera un par de veces a Marcelo, que quería volver al jardín de infantes, para que el cabezadura accediera a su pedido.
Y, haciendo caso a todas las exigencias y condiciones (abrigarla bien; ponerle el protector de orejas; si llueve no; si no llueve sí; etc), la pendeja, anteayer, feliz, radiante, llena de ilusiones, retomó sus clases como corresponde. Y yo, feliz, radiante y llena de ilusiones, recuperé mi acotada libertad.


Ni bien deposité el paquete en el Colegio, dí media vuelta tomando envión para pegar el salto de alegría, la directora de Jardín de Infantes, me llamó para hablar conmigo.

-Quería pedirte un favor.
-Si?
-Estamos organizando la Muestra anual 2008, en donde los chiquitos exhibirán al público todos los trabajos realizados y aprendidos. Los papás, también deberán colaborar bla bla bla bla...
-Aha? (cagamos; qué me pedirá?)
-Con las seños habíamos pensado que, en vista de que sos muy creativa, imaginativa y sarasarasasasa... podrías ser la encargada de escribir unos cuentos para niños, los que serán contados y representados con títeres y luego, encuadernados y entregados, solidariamente, a una escuela de chiquitos de bajos recursos... Qué respondés?

Escribir cuentitos para niños. Esta gente tiene idea de lo que puede llegar a salir de mi cabeza? Cómo pueden confiar en mi? Se volvieron locos?

-Bueno; podría intentarlo...

Yo quería tiempo libre.
Al final, Marcelo tenía razón; Valentina debería haberse reincorporado después de las vacaciones de invierno...




Los temas que me están dando vueltas por el marote para escribir los cuentitos que me pidieron y, ya que van a ser donados a chicos de bajos recursos, son:


*"Ingrid, una nena que estuvo cautiva en la selva, secuestrada por señores malos que la ataban con una cadena a un árbol y que fué liberada, sana, salva, limpita, peinadita con una trenza y con el cutis impecable, y ya viaja por el mundo con una gran sonrisa".


*"Las retenciones hacen mal a la pancita de ricos y pobres. Hay que ir al baño y limpiarse bien para que no quede el culito sucio".


*"Reglamento del juego 'El vicepresidente', en el que, si abre la boca, pierde y no juega más".
julio 02, 2008
Una Biblia para Valentina
Llegará el momento en que Valentina se descolgará con la incómoda pregunta "Mamá...- porque cuando mis hijos hacen preguntas incómodas, se dirigen a mí- ... cómo se hizo todo lo que hay? Quién lo hizo? Cuándo? Por qué?...-
A Federico, en su momento, lo saqué cagando y le respondí "Hijo, lo que ves es lo que hay y lo que no ves, no existe. Las cosas son como son porque uno hace que así sean. Te pido que no te enrosques, en el futuro, con ideas existencialistas, porque la vas a pasar mal. Para que sepas, Sartre se suicidó". Y el pobre, nunca más me preguntó nada al respecto.
Pero como no quiero cometer el mismo error, sobre todo, para probar si explicándole a la nena los orígenes de todo, con palabras más o menos comprensibles, puedo hacer que uno de mis hijos sea normal, decidí comenzar a escribir la respuesta, adelantándome un poco.



El Génesis maomeno como me lo imagino; porque seré vieja, pero ahí no estuve.


Diosecito siempre se sintió solo y, en efecto, él estuvo en soledad casi toda su vida. Nunca pudo comprender ni acostumbrarse a su orfandad y jamás al silencio y el aislamiento en los que se encontró hasta que decidió cambiar las cosas.

-Por qué no puedo tener la vida de un hombre normal?- se quejaba y, cuando tomaba conciencia de lo que acababa de decir, continuaba- Hombre normal? Hombre, dije? Qué será un hombre? Agggrrr! Esta soledad está volviéndome loco! Hablo de cosas que no existen!

Para él, no había diferencia entre el día y la noche: todo era igual de oscuro, por lo tanto, no había podido formarse bajo normas de disciplina y hábitos cotidianos, pues no tenía parámetros a los que atenerse para saber cuándo debía hacer determinada cosa. Además, no tuvo quien se lo enseñara.

Permanecía todo el tiempo parado o en cuclillas, pues no había nada en lo que pudiese apoyarse o recostarse.

-Qué vida de mierda! Tengo las piernas entumecidas. (Yo no sé para qué me quejo en voz alta si no hay nadie que pueda escucharme)- se lamentaba.

Su vida, era la nada absoluta.

Una noche como cualquiera de las demás vividas hasta el momento, repodrido de la soledad, la oscuridad y el silencio, decidió acabar con la ausencia total de todo y se dispuso a crear cosas. Se descubrió un tipo creativo y se sintió feliz.

Práctico, organizado y astuto, lo primero que creó fué la luz.

-Hágase la luz- dijo con convicción y sentimiento- De otro modo, no podré ver un corno nada de lo que haga y es probable que me mande alguna que otra cagada, aunque no importa demasiado ya que no hay quién pueda criticarme o juzgarme.

Y se hizo la luz. Diosecito vió que era buena.

-Voy a ponerle un reóstato y un timer para que se apague cada doce horas, porque si queda la luz prendida todo el día, después la tengo que pagar yo, que soy el único que existe.

Luego, creó el universo. Lo hizo inspirado en las esferas de espejos que colgaban de los techos de Bamboche y Zodíaco, echando haces de luces audiorrítmicas a la pista. Le gustó la idea de hacerlos con bolas de diferentes colores y temperaturas y las hizo girar alrededor del generador eléctrico, al que llamó Sol (pensaba ponerle Jhonatan, pero sol, le pareció más adecuado por lo corto y recordable).

Separó lo mojado, a lo que llamó agua, de lo seco, a lo que llamó tierra. A lo seco que quedaba mojado, llamó barro, fango, lodo, cieno, y así, sin querer, creó los sinónimos. También separó el agua del aceite y a éste del vinagre.

Luego creó las plantas. Se copó con los colores. Jugó con las formas y los tamaños. Se divertía como un chico. Les puso olores y perfumes.
Ocupó mucho tiempo diseñando flores- "Qué romántico..."- se decía cada vez que terminaba de armar alguna. También hizo floreros y macetas y canteros. Hasta se tomó el trabajo de construír unos puestitos de flores para instalar en la puerta de un cementerio, con cartelitos que decían "Hay siemprevivas a $2 el ramo".

-Es una verdadera pena no tener a quién mostrarle ésto que estoy haciendo tan lindo- su soledad lo angustiaba.- Asi no hay autoestima que se levante, viejo!

Después de tomar un descanso, merecido aunque siempre parado pues no había creado aún las sillas o las fiacas, siguió dando rienda suelta a su cratividad y fué el turno de los animales.

-Uyyy! Quíliiindo me salió éste! Voy a llamarlo sapo.- después fué perfeccionando sus gustos, por suerte.

Jugó, otra vez, con las formas y los tamaños; con los colores y los olores. A unos les agregó pelos, a otros plumas, a otros púas o escamas o pulgas.
Puso mucho amor y entusiasmo en esta labor. Cada uno de los animales era una creación extraordinaria. Todos tenían una razón de ser; hasta el más desagradable era una pieza imprescindible para todas las demás.
Creó la paloma, el ornitorrinco, la laboriosa hormiga, el flamenco, la salsa cubana, el tango.

Pero comenzaron a surgir problemas entre las vanidades de unos y otros: los ratones Mickey y Faivel no admitían como miembro de su misma especie al Topo Gigio, entonces, Diosecito, envió a los primeros hacia el norte y a Gigio, lo metió en una bota, para evitar confrontaciones político-sociales.
No le fué fácil explicar a aquellos que le planteaban su incómoda situación, el porqué de sus detalles. El toro, por ejemplo, se le acercó enojado y le dijo

-No entiendo. A la vaca le pusiste esas grandes tetas y a mí estos enormes cuernos. Por qué? Cuál vendría a ser el mensaje? Explicámelo, viste, porque al final, el último que se entera es siempre el cornudo.

Cuando hizo al cerdo, la cebra, que se creía perfecta por la simetría de sus rayas negras, se rió de él:

-Ajajajaja! Sos un cerdo...sos un cerdo...ñeñeñeñe...
-Y vos, qué?- le respondió el chancho- te crees muy yegua y estás rayada. Boluda!

A Diosecito, le pareció bien que cada uno se hiciese respetar y se le ocurrió una gran idea:
crear todo en función de todo, para no tener que estarle atrás a cada uno y no sumarse trabajos extra.
Asi fué como surgieron los herbívoros, que se devoran las plantas; los carnívoros, que se devoran a los hervíboros y también a los carnívoros; los parásitos que viven a costas de los hervíboros, los carnívoros y las plantas y los descomponedores, que se valen de todos ellos para abonar la tierra y servir de alimentos para las plantas que serán devoradas por los hervíboros, que serán devorados por los carnívoros, que serán devorados por otros carnívoros más carnívoros que ellos y así, sucesivamente hasta el infinito.

-Me costó mucho laburo pero ya terminé. A partir de ahora, cada uno se las arreglará como pueda. A eso llamaré "libre albedrío", que significará que quedo exento de toda responsabilidad sobre las cosas que estos sujetos hagan. Yo? argentino.- Y se lavó las manos.



Continuará, por desgracia...
junio 30, 2008
Duermo mejor si, antes, humillo a una mujer hermosa.
Cuando tengo mucho, mucho sueño es cuando más me cuesta dormir y es el momento en que me pongo a pensar en cualquier cosa, para aburrirme y caer rendida, sin resistencia, a los brazos de Morfeus.

Trato de evitar aquellos pensamientos que puedan comprometer mi laxitud, por lo tanto, no rozo temas tales como dinero, trabajo, proyectos a futuro, planificación de venganzas, política, George Clooney, depilación del cavado y tira de cola y el pergamino en que se está convirtiendo mi cara a fuerza de no dormir, fumar y beber poco líquido.
Por descarte, los pensamientos que quedan libres para ser invocados, están relacionados con el pasado, por cuanto la historia vivida no puede modificarse y solo puede ser palpitada como observador pasivo sin fatigarse. Funciona siempre y cuando, no surja un arrepentimiento inoportuno y atemporal.

Otros pensamientos que me ayudan a dormir, tienen que ver con recordar los detalles de aquellos sitios por los que pasé alguna vez;" las macetas con flores de las callecitas de Bobbio... eran genarios y... petunias? Eran petunias?"
Dos minutos después, estoy roncando, como si una de esas mecetas hubiesen caído sobre mi cabeza.

No falla pensar en las caras de algunas personas conocidas, imaginándomelas en situaciones diferentes, por ejemplo, comiendo una hamburguesa de esas que, una vez que la llevaste a la boca, te hacen arrepentir de no haber pedido patitas de pollo, porque es más lo que chorrea por los costados y ensucia que lo que te permite disfrutarla: "Y ahora? Cómo la piloteamos? Te quedó una lechuga pegada con mayonesa en la comisura izquierda", le aviso porque soy muy buena.

Anoche, descubrí lo feliz que se puede dormir pensando en las miserias de las mujeres hermosas que tanto envidio como detesto.
Pensé, por ejemplo, que a Catherine Zeta Jones, también habrán tenido que meterle una enema alguna vez, como a mí, cuando era chica, a cambio del farolito de la bicicleta.
Pensé también que Anjelina Jollie sufrirá de constipación, como el resto de las mujeres normales, y que, a veces, se le presentará a su marido, Brad Pitt, con cara de angustia, acariciándose la panza, diciéndole "No hay caso; no puedo ir de cuerpo".
Imaginé a Mónica Bellucci confesándole a su amiga "No puedo más con estas hemorroides que entran y salen como se les da la gana. No hay seriedad en este culo anarquista!". A Kim Bassinger yendo al médico para consultarle por su meteorismo incontrolable. A Nicole Kidman, lavando apurada una bombachita en el lavabo para borrar rastros de una palometa. Y a Demi Moore, la que más odio de todas, a la que no le perdono nada: ni su juventud eterna, ni su piel, ni su lomo esculpido a mano, ni su marido, ni su dinero, ni que haya podido contactarse con un fantasma, teniendo que confesar, frente a cientos de cámaras de tv internacionales, su verdadero nombre, humillada y avergonzada: "Yo no me llamo Demi...Señores, mi nombre real es DEMETRIA*, cual sirvienta correntina..."


*Demetria Gene Guynes, así se llama esa perra.
junio 26, 2008
Frazada
Mi nonna Ida, la esposa de Aldo, el superhonesto, falleció a los ochenta y pico, cuando yo vivía en Italia. La última vez que hablé con ella por teléfono, fué un día antes de su última operación, a la que sobrevivió un mes, y en esa charla me prometió que, ni bien se recuperara de la intervención, viajaría a visitarnos para contarme in situ, la historia de su vida, como tantas veces lo había hecho en forma de cuento, a la distancia.
Estaba enferma de cáncer. Le habían descubierto un tumor en los intestinos en el año 99 que le extrajeron con un éxito relativo.

Era una mujer con un bienestar económico acomodado. Nunca llegamos a saber cuánto dinero había llegado a juntar de las pensiones que había cobrado mi nonno, en dólares, en compensación por haber sido Síndaco de Piacenza ad honorem, porque apenas falleció, el único hijo que quedaba viviendo en Argentina, se quedó con todo y nadie, jamás, le pidió que rindiera cuentas.

Como todos los viejos, se había convertido en una mujer tacaña y cuidaba cada moneda como si fuese la última que le quedaba, asi que, cuando se reveló su enfermedad, decidió tratarse en hospitales públicos y con médicos que no le costaban más que una botella de buen vino cada tanto.

La primera vez que la intervinieron quirúrgicamente, fué en el Hospital Eva Perón, ex Castex, de San Martin.
Mi mamá, mi tio el chorro, su esposa y yo, nos quedamos esperando sentados en la escalera, todo el tiempo que duró la operación. Acabamos con el culo frio y duro.
Tuve suficiente tiempo para angustiarme por lo que podía ver a mi alrededor: mugre; gente pidiendo por favor cosas que le eran negadas rotundamente; personas que deambulaban por los pasillos con un termo y un mate, como único desayuno, almuerzo y, quizás, cena, que habían venido desde otras provincias y estaban allí, haciendo cola, esperando a que desocupase una cama para un pariente enfermo.

-Hace tres días que estoy acá- me dijo una mujer que hablaba con voz disfónica, probablemente por el fresquete que le llegaba a la garganta, a través de la ventana que se había formado en su boca, a causa de los tres o cuatro dientes que le faltaban.
-Y para qué está? Por qué la gente vive acá? Qué es lo que esperan?
-Camas! Mi suegra se tiene que operar; ella está en Corrientes. Ni bien se desocupe una, se viene volando.
-Y si se la ocupan mientras está viniendo?
-Y bueno...qué se yo!

En ese momento, se abrió la puerta del ascensor. Dos enfermeros arrastraban una camilla sobre la cual estaba mi nonna, semidespierta, con su larguísima cabellera lloviendo detrás de la almohada. Nos paramos de un salto y solo pudimos verla pasar hacia la terapia intermedia femenina.
El médico cirujano se acercó y nos explicó las conclusiones a las que había llegado.

Cuando nos permitieron entrar a verla, mi nonna, cubierta por una sábana, sonrió. Estaba temblando como un flancito Ravanna y se quejaba porque tenía mucho, pero mucho frío.

-Es la anestesia, nonna.
-Tapame; no aguanto más.

Miré alrededor buscando una manta. El lugar era deprimente; había otras cinco mujeres, una al lado de la otra, durmiendo. No las separaba un tabique, ni una cortina, siquiera una planta seca. No había intimidad entre una convaleciente y otra.
Las peredes estaban decoradas con artísticas manchas de humedad y unos ganchos, de esos que sirven para colgar el suero, en las cabeceras de cada cama.

Mi nonna seguía temblando e insistía en pedir abrigo.

-Señora- le dije a una enfermera culona que andaba por ahí- no hay una frazada para cubrir a mi abuela?
-Nop. No hay más. Les sugiero que traigan una de su casa.
-Pero cómo? El hospital no tiene?
-Si, pero las que hay ya están ocupadas. Salvo que...

Comprendí la indirecta y mi mamá, también. Sacó diez pesos de la billetera y se lo ofreció a la mujer de ambo verde quien, inmediatamente los tomó y los guardó en su bolsillo sin decir palabra. Muy decidida, se acercó a la vieja que dormía al lado de mi nonna, le arrancó la manta que la cubría y la acomodó sobre la cama de la recién operada.

-Pero...destapó a una vieja para tapar a otra?
-Ni se enteró!; duerme como un angelito...-y puso su dedo índice sobre, y perpendicular, a sus labios, en un claro gesto de "callate la boca; yo sé lo que hago".

Me quedé mirando con pena a la pobre destapada mientras mi nonna seguía quejándose por el frío. La culona se acercó a mi madre, le mostró la palma de su mano y le ofreció, descaradamente, otra frazada.

-Mamá!- le susurré al oido con los dientes apretados, antes de que, otra vez, metiera la mano en la cartera- a estas mujeres les va a dar hipotermia y vamos a ser responsables de lo que los diarios mañana titularán como " Las extrañas muertes del hospital". Además, guardá algo de dinero por si tenemos que coimear para que le laven el culo o le espanten las moscas!

Mi vieja negó el ofrecimiento de la enfermera mercenaria y se acercó a su madre para acariciarle la cabeza. No sé qué movió, quizás, tocó con su pierna al caminar por el pasillo estrecho, la sonda del suero que estaba inyectada en el brazo de mi nonna: el gancho de hierro, que estaba sujetado con un tornillo bailante a la pared, cayó, de pronto, sobre la frente de mi abuela, haciéndole un machucón.

-Ayyy! Ayyy!- se quejaba la recién operada- Ayyy! ma qué pasó, Romana? Me duele la cabeza!
-Bueno, nonna, ahora, al menos, ya no vas a tener frío.- Eso me lo había enseñado mi nonno quien aseguraba que, nada mejor que darse un martillazo en un dedo cuando un fuerte dolor, en otra parte, te aqueja; tendrás un dolor nuevo pero de éste, te olvidás seguro.

-Ayyyayayyy! me duele la cabeza! Y tengo frio...
-Me caaaago...! Basta de quejarte. Dormí, nonna. Dormí..- le aconsejé mientras destrababa el sachet de suero del gancho que se le había incrustado en la frente y buscaba donde apoyarlo.

Mi abuela se lamentaba, mi mamá lloraba por la culpa que sentía, las otras viejas dormían tapaditas (una ya no), la enfermera continuaba enrollando la gasa kilométrica.
De repente, se escuchó un griterío; gente que corría por los pasillos de la terapia intensiva y muchos, muchos policías armados que parecían salir de los contenedores de residuos patológicos y otros sitios con tapa.

-Todos quietos, en su lugar! Que nadie se mueva!- gritó una mujer uniformada que quedó, obstaculizando mi visión, parada en la puerta.
-Pero qué pasó, oficial?- pregunté deseando que la respuesta no fuese que venían a deternos a mí y a mi mamá, por haberle sustraído la manta a la vieja destapada y haber coimeado a una enfermera.
-Se escapó un detenido de alta peligrosidad que estaba internado en el sector de terapia intensiva masculina con heridas de bala.
-Pero cómo que se escapó? Adónde está?
-Es lo que estamos tratando de establecer. Métase adentro que acá puede pasar cualquier cosa.

Lo único que faltaba! Primero, debimos ser cómplices y partícipes necesarios del robo miserable de la manta que abrigaba a una pobre viejecita a punto de morir, luego, casi matamos a mi nonna de un traumatismo de cráneo con elemento punzante, cortante y pestilente y ahora, un preso herido andaba suelto, escondiéndose quien sabe donde y todos estábamos en peligro.

Horas después, supimos que al reo no pudieron encontrarlo; se había escapado por la ventana del baño de damas, aprovechando que sus vidrios estaban rotos.
Todo volvió a la normalidad, siempre y cuando, se acepte llamar "normalidad" a esa situación vergonzosa de aquel hospital público.


En cuanto a mi nonna, en el tiempo en que estuvo internada allí y hasta que le dieron el alta, no porque estuviese en condiciones de volver a casa, sino porque otros ostentaban esa cama que había estado ocupando, desembolsó varios billetes para poder disfrutar de una estadía más digna.
El día en que la fuimos a buscar, saludé a la mujer que había sido su vecina, la destapada, a quien pude verla al fin despierta por primera vez, aunque con los ojos perdidos. Le devolví su frazadita entregándosela a la señora que la acompañaba:

-Tome.Cuide esta manta muy bien porque en cuanto la suelte, no la ve más.
-No, gracias, señorita- me dijo- mi mamá no siente ni frio ni calor. No siente nada.

Una suerte que me haya dicho eso último; evitó que me fuera con remordimiento.
Lo que nadie pudo evitar, es que me fuese con mucha bronca.
junio 23, 2008
las "conchitas" de mi marido
Antes, tenía más ganas de todo: de callejear sin horarios de ida y vuelta; de cumplir con trescientos objetivos fijados para un mismo día; de gastar palabras y tiempo en dar explicaciones; de probarme ropa; de cumplir con las dietas ricas en fibras para combatir la constipación; de discutir...
Si para algo está sirviendo el paso del tiempo, es para saber discriminar en qué momentos vale la pena hacer un esfuerzo extra y meterle un poco más de energía a una situación que la requiere.

Antes, cuando mi marido hacía o decía algo que no me caía bien, la "tiraba lunga" , hasta esclarecer el hecho, siempre a mi favor o hasta que a él, le daba una embolia cerebral de tanto hablarle y hablarle sobre el asunto. Mi estrategia era la de saturar su capacidad de razonamiento, encimando mis palabras a sus pensamientos y así, hablando y hablando, no darle espacio a que pueda cerrar un concepto en el cual basar su explicación.
La mayor parte de las veces, le ganaba por cansancio, mental y moral. Mental porque, desde el momento en que comenzaba el conflicto, solo me detenía los segundos necesarios para tomar aire y poder seguir parloteando, echando mano a todo tipo de recursos lingüísticos, para demostrarle la injusticia que acababa de cometer o decir.
Moral, porque se bien que ha llegado al punto de sentir el impulso de estrangularme, sobre todo, cuando, para cumplir con sus necesidades fisiológicas, se metía dentro del baño y yo, apoyando la boca en el ojo de la cerradura, seguía hablándole sin parar. Él sabía que, matándome, acabaría su suplicio pero que también existía una salida más barata y era darme, finalmente, la razón y dejarme contenta.

Antes, tenía ganas. Ahora no.
Ahora, cada vez que Marcelo hace o dice algo que no me cae bien, lo fastidio de otro modo, haciendo determinadas cosas que resultan más efectivas, menos trabajosas aunque igualmente peligrosas.

Cuando quiero fastidiar a mi marido recurro a dos cosas puntuales que lo perturban: las mandarinas y las bananas.

Con el olor de las mandarinas sucede algo inexplicable. Seguramente, debe activar algún botón sensible de su memoria emotiva que dispara en él la misma ira que sentía Barreda cada vez que su mujer e hijas lo llamaban "Conchita". Las mandarinas y los plátanos, son las "Conchitas" de Marcelo.
Las bananas, sin dudas, son parte de un trauma sufrido de pequeño y que jamás pudo superar: cuenta, con asco y angustia, que una vez, cuando pequeño, el colectivo en el cual viajaba, pasó por una villa miseria en donde se detuvo, ante la orden de un semáforo. A través de la ventanilla, se encontró con la mirada de otro niño quien, imperturbable, le mantuvo la vista mientras devoraba una banana.
Que un pibe esté comiendo una fruta, no significa nada pero si junto con ella, entran en su boca mezclados, trozos de banana y mocos verdes que iban deslizándose desde su nariz hasta sus labios, es otro el cuadro.
Tanta fue la repungnancia que sintió el Marcelito niño, que no pudo evitar que las fuertes arcadas le provocaran el vómito en presencia de los otros pasajeros, salpicándolos y ensuciando el medio de transporte.
Su vergüenza fué infinita; nadie parecía haber visto aquella inmundicia de afuera, sin embargo, todos lo acusaban a él de cerdo aspetoso, por haberlos enchastrado. La gente gritaba, se lamentaba y, el chofer, desde su asiento de tiritas de plástico multicolor, giró medio cuerpo solo para seguir humillándolo:

-Pero mirá que hiciste, pibe!? Asqueroso!

Desde aquel dia, no hace más que abominar los mocos, los villeros, los colectivos y, por supuesto, las bananas.

No necesito llamarlo "conchita" a mi marido cuando quiero hacerlo reaccionar. No necesito ya hablarle hasta el desmayo. No necesito malgastar mi tiempo y energía, pensando en qué puedo hacer para desestabilizarlo emocionalmente.
Solo me acuesto a su lado, cuando está tranquilo mirando la tele y disfruto de una mandarina o de una banana, con cara de "mirá lo que estoy haciendo, lero lerooo".
Eso sí: tomo la precaución de quedarme con los zapatos puestos, por si tengo que salir corriendo.
junio 19, 2008
Néstor
El primer marido de mi hermana era un pelotudo.

Papá estaba construyendo una parrilla de ladrillos, en casa de un matrimonio que había conocido en el club del cual éramos socios. Todos los días, al llegar, de lo único que se lo escuchaba hablar, torciendo la boca hacia el lado en donde estaba mi hermana, era acerca "del muchacho", hijo de la pareja.

-É un chico tranquilo; studioso; limpito.Está siempre con uno coso acá, en la orecas; un socotroco que enchufa en un aparato y vaya a saber qué hace con eso siempre conetado a la cabeza.
-Auriculares, papá. Ya te dije mil veces que se llaman auriculares y sirven para escuchar música- le respondía mi hermana repodrida de oirlo contar siempre lo mismo, con evidente ánimo de inculcar curiosidad y, por qué no, admiración.

La construcción de la parrilla sirvió, más que para cualquier otra cosa, para cocinar a fuego lento la idea de enganchar al muchacho de los auriculares, limpito y estudioso con mi hermana, también limpita y recién salidita del colegio secundario, es decir, a punto caramelo para entregarla a manos de un chico de buena familia.

Néstor era egresado del Nacional Buenos Aires y había tenido que postergar su carrera de Licenciado en Física, ya que debía cumplir con el Servicio militar obligatorio.
Era tímido, de poquísimas palabras, circunspecto. Un aparato!

En su época de conscripto, viajaba desde el Edificio Cóndor hasta Caseros para visitar a mi hermana y pasar un rato con ella. Cuando debía regresar a su puesto, se quedaba dormido en el tren y siempre despertaba en la última estación pero del lado opuesto, asi que, otra vez, a viajar hasta Chacarita, desde Lemos, y, en el trayecto, volvía a quedarse dormido y volvía a despertar en Lemos, la otra punta del ferrocarril. De este modo, iba y venía varias veces en la noche y siempre, siempre entraba a trabajar horas más tarde de la acordada, por lo que lo sancionaban aunque nunca escarmentaba.

Sus padres habían conseguido "acomodarlo" en un lugar de privilegio para que el Servicio militar, no le resultase traumático, asi que, gracias a un coronel conocido, le designaron el puesto de secretario de un general, famoso por lo nefasto. El hombre, como buen cerdo que era, tenía una amante quien lo visitaba en su oficina del Edificio Cóndor, casi a diario. Cuando la puta llegaba, la orden para todo el mundo era la de no pasarle al jefe ningun llamado y negar su presencia ante cualquier visita inesperada, salvo que sea de suma importancia y prioridad.
Un dia, la esposa legítima del general, llamó por teléfono y pidió hablar con su marido. Néstor, ingenuo, pensó "Uy! La esposa...Es de suma importancia y prioridad", asi que, antes de pasarle la comunicación, le advirtió que su esposo estaba ocupado con la señorita Noemí, asi que le preguntaría si podía atenderla de inmediato. Le costó el puesto y una buena cagada a pedos. Lo mandaron de ascensorista perpétuo, por boludo. La sacó barata teniendo en cuenta quién era su jefe.

La primera vez que mi hermana lo trajo a casa, invitado por mis padres a cenar, no quise perder la oportunidad de humillarlo y divertirme con él. No, divertirme con él, no: divertirme gracias a él. Asumo que siempre fui muy turra y el pibe era ideal para hacerle bromas y dejarlo en ridículo. No se daba cuenta de nada o, si lo hacía, era incapaz de enojarse o demostrar disgusto. Una presa muy fácil.

Mi madre, había preparado como primer plato, un consomé (bah! consomé, un minestrón).
La encargada de preparar la mesa era yo pues mi hermana, estaba ocupada atendiendo a la visita.
Pensé en cómo podría alegrarme vilmente la noche y se me ocurrió que, a cada uno, le pondría la cuchara sopera de lado, como corresponde, pero que a él, le haría una trampa: le acerqué a su plato hondo, un cazo de esos que se utilizan para servir salsas.
Todos estaban tan nerviosos y entretenidos, que nadie se percató del detalle.
Cuando comenzamos a comer, el pobre tomó el cucharón y comenzó a sorber la sopa apoyando su boca y metiéndo la nariz dentro del cucharón, sin decir ni mú. Se la tomó toda muy obediente. A nadie se le ocurrió mirarlo mientras comía, asi que ninguno pudo percibir lo incómodo que estaba sintiéndose el muchacho, en el debut como novio oficial de la Coca en nuestra casa.

Muchas le hice al pobre Néstor, muchas.
Mi hermana lloraba, pidéndole a nuestra madre que hiciera algo para detener esa costumbre mia de tomar a su novio para la chacota y divertirme a costas de ponerlo en ridículo.

Quise mucho al cabezón, mi ex cuñado. Llegó a ser como un hermano para mí, hermano bobo, pero hermano al fin.
Cada tanto, recibo alguna novedad acerca de su vida por alguien que lo ve y me cuenta.
Parece que sigue siendo el puchinball gracioso de otros que no soy yo.

Nunca supe si era demasiado bueno o demasiado pelotudo. Tal vez, ambas cosas.
Tal vez, los auriculares le causaron algún daño neurológico que se terminó de agravar el día en que mi papá comenzó a construírle la parrilla de ladrillos en su casa...
junio 17, 2008
No es la carne...es el hecho...
En Argentina es imposible mantener salud mental colectiva.

Con este nuevo conflicto político, gratuito y ridículo, otra vez, estamos entrando al horno.

Ayer por la tarde, recibí un mensaje de texto, convocándome a un nuevo "cacerolazo" para las 20 horas y la verdad, tenía ganas de cacerolear. Tengo tanta bronca, indignación, impotencia contenida, que iba a venirme bien descargarme con unos cuantos golpes a un ser inanimado haciendo ruido.

-Si vos salís con esa olla yo cierro la puerta con llave y no entrás más.
-Por qué? Yo tengo derecho de expresarme, nene!
-Sí, pero a mi me da vergüenza. Vas a ser la única en el barrio! Acá todos tienen guita o cobran un planes sociales asi que nadie va prenderse en esta cruzada.

Y fué cierto. Mientras en todo el país sonaban cacerolas, en Ituzaingó los grillos hacían cri...cri, quien sabe en protesta de qué.

La cacerola la troné igual; en el fondo de casa.

No me interesa quién tiene la razón porque no creo que exista una sola manera de ver las cosas, es decir, no creo en la verdad absoluta.
Alguien dijo alguna vez que "la única verdad es la realidad" y la realidad es ni más ni menos que una percepción, la cosa más subjetiva y, por lo tanto, más propensa a ser discutida por varias personas sin que, probablemente, lleguen a ponerse de acuerdo en una única conclusión.

Solo sé que, para conseguir carne, debí mandar a cagar a una vecina de la tercera edad. En este caso, por primera vez, supongo que todos los argentinos, estaremos de acuerdo en una sola cosa: nos están, nos estamos volviendo locos!

El viernes, llegué tempranito a la carnicería de mi barrio para comprar algunos cortes y fui la primera en llegar. Detrás de mi, inmediatamente, se formó una fila de gente que había ido con el mismo fin.
Compré algo, de lo poco que había para elegir, pero me tomé el tiempo para ver qué era lo que me servía. Yo no iba a comprar cualquier cosa con tal de asegurarme carne para la semana. No me interesaba, por ejemplo, llevarme la teta de la vaca o los testículos del toro, porque en mi casa eso, decididamente, no se come.
De pronto, una mujer comenzó a vociferar:

-No es justo que la señora se lleve lo mejor! Yo también soy clienta y tengo derecho a comprar lo que necesito!
-Qué le pasa?- pregunté sorprendida.
-Y; que usted se está llevando todo!
-Y usted me lo va a pagar?
-No, claro que no.
-Y entonces? A usted qué le interesa si me llevo la vaca entera a mi casa?
-Es que hay que ser solidario. Hay poca carne y acá somos muchos.

Yo no podía creer lo que me estaba sucediendo. La mujer, continuó, sin dejar de mirar el pedazo de cuadril que el carnicero estaba preparando para mí:

-En vez de llevarse dos kilos de churrascos, por ejemplo, llévese uno asi el otro, me lo puedo llevar yo.
-Usted me está tomando el pelo?
-No! Usted me lo toma a mi! Llévese un kilo de cada cosa. A ver? Carnicero! Por qué no restringe la cantidad?

El hombre levantó la vista y solo le respondió que él estaba ahí para vender y que, cuando se terminara la carne, cerraba y punto. La vieja montó en cólera.

-Usted lo que va a conseguir, es que no le pise más la carnicería!
-Señora- dije bajando el tono, para moderar y aplacar los ánimos- no rompa las pelotas. Con todo respeto; es necesario hacer el ridículo por un cacho de carne?

La vieja se puso a llorar.

-No es la carne... es el hecho...

Me largué a reír. Me causó mucha gracia la frase y sobre todo, la escena bizarra que se había armado.

-Qué dice?-le pregunté muerta de risa.
-Es la actitud! Yo también quiero carne y no hay por ningún lado. Estoy indignada. Tengo mucha bronca y encima la veo ahí, parada, llevándose todo...
-Pero usted me habla como si yo estuviese asaltando al carnicero a mano armada! Yo estoy comprando, señora. Voy a pagar por esto que me llevo.
-Pero no deja nada. Claro, usted tiene plata y por eso se lleva todo...
-Es que hay poco! Qué culpa tengo yo? Llevo lo que necesito. De qué plata me está hablando? Y MÍREME CUANDO LE HABLO. DÉJESE DE MIRAR EL CUADRIL, QUIERE?
-No. Usted no lleva lo que necesita. Está llevando más. Está llevando para frizar.

Tuve ganas de pegarle un sopapo con una tira de falda que había ahí, abandonada, en el mostrador.

Inspiré. Exhalé. Inspiré y, al exhalar nuevamente, le pedí la cuenta al carnicero. Pagué y me fuí.


Antes de pensar en tomar medidas para redistribuír la riqueza, deberían pensar en redistribuír neuronas. Y no lo digo por la pobre vieja quien, seguramente explotó por la impotencia, la inseguridad, la desprotección, los efectos colaterales que deja la soberbia armada. Lo digo porque, mientras los administradores del gran condominio que formamos los argentinos, sigan creyendo que son los dueños del complejo, las reuniones de consorcio seguirán fracasando y el ascensor, seguirá sin funcionar.
junio 13, 2008
el huevo de mi padre
Mi viejo era muy mentiroso. Mentía para sobrevivir.

Estar casado con una mujer como mi madre, autoritaria, soberbia, implacable, siendo un tipo ignorante, limitado, débil e inseguro, debe haber sido una tortura.
El pobre, debió desarrollar alguna habilidad para poder resistir y eligió la que para muchos, es la alternativa más fácil pero que para él, resultó ser la más complicada pues, para que la mentira sea exitosa, el mentiroso debe contar con cierta capacidad cognitiva, cierta soltura para procesar información y, sin dudas, talento para argumentar y convencer. Y mi papá, no contaba con ninguna de esas herramientas pues su cerebro era como una bocha para jugar al bowling: liso y con agujeros.

De tanto mentir y ser descubierto, nada de lo que hacía o decía era tomado en serio aunque lo que asegurara, fuese verdad.

Mi papá tenía debilidad por las aves. A veces pienso que, en otra vida, seguramente fué uno de ellos, posiblemente un pájaro bobo o un picaflor.
Había construído una jaula gigante, tan grande o más, que cualquier habitación de la casa, en donde convivían todo tipo de alados que había cazado él mismo, en diferentes puntos del país. Palomas, búhos, gallinas pigmeos, gallaretas, faisanes tornasolados, perdices.
No puedo recordarlas todas; hace muchos años ya de todo aquello.

Entre las especies, había una clase de gallina grande de plumas color rojo, al que él llamaba "la colorada".
Un día, papá entró exultante a la cocina trayendo en sus manos un huevo gigante de un brillante color bordó.

-Miren! Miren el huevo que hizo la colorada!Miren qué maravilla!

Mi hermana y yo lo miramos sorprendidas y mi mamá, quien nunca le creía nada al viejo, le arrebató el huevo y diciendo "Mentiroso di merda! Esto no es un huevo de verdá. Es de madera y lo pintaste vó!", lo aplastó contra la mesa, haciendo añicos su cáscara y desparramando su contenido.

Los cuatro nos quedamos viendo por un rato, sin levantar la vista, aquel residuo que, hasta hacía unos minutos, había significado una pequeña felicidad para mi padre.
Nadie dijo nada. Nadie sabía qué decir. No había nada para decir.

Cuando me animé a mirar a mi viejo, ví que tenía lágrimas en sus ojos turbados...


El domigo será el Día del Padre y yo quisiera abrazarlo pero no puedo. Solo puedo sentir que lo extraño y lo necesito y tragarme esa amargura.

El domingo, llamaré a mi mamá, quien está disfrutando de unas mini vacaciones en Portofino y le diré, con las peores palabras que encuentre y se me ocurran, que yo jamás voy a olvidar que fué una hija de puta con mi viejo y que él dejó de sufrir pero que yo, sigo sufriendo gracias a sus tristes recuerdos.

Sean buenos con sus padres e hijos y, si no pueden serlo, disimulen.

FELIZ DIA DEL PADRE PARA QUIENES LO SON, PARA QUIENES ESTÁN A PUNTO DE SERLO, PARA QUIENES LO SERÁN ALGÚN DÍA Y PARA AQUELLAS MUJERES QUE DEBEN SER MAMÁ Y PAPÁ PORQUE LES TOCÓ EN EL REPARTO DE ROLES.
junio 09, 2008
Mis días de millonaria
Me sentí millonaria, sin serlo, tres veces en mi vida, pero en una de ellas, mi marido, que es un rompemambos, barrió mi espíritu glamoroso de un plumazo...

La primera vez, fué cuando acompañé a mi amiga Anna , a derrochar su dinero en los negocios de Chanel y Luis Vuitton, en Milano. Ella es una gastadora compulsiva, capaz de comprarse tres pares de zapatos firmados del mismo color y mismo modelo, solo porque le gusta y jamás usarlos.

Un día, en uno de aquellos tours de compras innecesarias, gastó 900 euros en una cartera inmensa de Dolce&Gabbana y, en el trayecto de vuelta, en primera clase del tren, se arrepintió porque le pareció demasiado grande para su metro cincuenta y me la regaló. Una semana después, acabé vendiéndosela a una amiga de mi prima por 500. Era horrible! (la cartera; y la amiga de mi prima, también).

Los empleados de esos locales conocen muy bien a Anna; cuando la ven entrar, se les cae la baba porque saben que es presa fácil. La hacen pasar directamente al salón VIP y, fácilmente, la seducen para que gaste miles de euros en chucherías inútiles en un par de minutos.

Varias veces yo había pasado por la puerta de esos locales y, con la ñata contra el vidrio, soñé con entrar y comprarme alguito. "Aunque sea una vez, para ver qué se siente", pensaba. Pero seguía caminando por aquellas callecitas milanesas, conformándome con pararme frente a las vidrieras y, haciendo un corte de mangas, me respondía, autoconsolándome, "y bueno, quemimporta! Ellos se lo pierden!".

Con Anna entré por la puerta grande y, gracias a ella, me sentí princesa por un día, un par de veces.
En el local de Chanel, ni bien el negrazo que está contratado solo para abrir y cerrar la puerta, nos invitó a pasar, la recepcionista exclamó con alegría su nombre completo y le hizo saber que era muuuy bienvenida. Ella me presentó como la amiga argentina que había llegado especialmente para comprar ropa italiana. "Poné cara de importante" y yo, que fuí concebida para mandarme la parte , levanté el mentón y arqueé las cejas. Es que, cuando no tiene otra cosa a mano para ostentar, los ademanes y la postura son las únicas cosas a lo que se puede recurrir, asi que cambié la expresión con un par de gestos forzados y listo.

Con un chasquido de dedos, la mujer, joven y elegante, nos adjudicó un vendedor quien nos acompañó por un pasillo largo lleno de espejos, hasta en el techo, como en los telos.
Nos sentamos en cómodos sillones blancos, en un salón blanco con cortinas blancas y nos ofrecieron algo para beber.

-Aprovechá a pedir lo que quieras, boluda! Relajate- me dijo Anna en italiano, claro.

Como no soy rica, no tengo idea de qué hubiera pedido si lo hubiese sido, asi que, tímidamente, elegí un "ristretto" pues, supuse que el cafecito, era algo universal.

Mientras esperábamos sentadas a que se organizara algo, miré mis pies y comencé a reir a carcajadas. Anna preguntó, obviamente, qué me sucedía y le señalé los zapatos.

-Son zapatos impresentables, Anna! Los compré el año pasado en Veltri de Morón. Una mujer rica o importante que viene desde Argentina para hacer compras, no puede tener unos zapatos tan de mierda! Parezco tu sirvienta. Dejate de joder!

Anna me sugirió que cruzara los pies a la altura de las pantorrillas y los escondiese debajo del sillón.
No parábamos de reírnos de mi. No encajaba ni a palos en ese sitio. A los guitudos se les nota su condición aunque vistan con jeans y zapatillas. Tienen una actitud diferente. Se mueven con más seguridad y no como yo, que parecía pedir permiso para realizar cada movimiento.

De pronto, salieron de la nada unas mujeres que comenzaron a desfilar para nosotras, los pilotos y accesorios para lluvia que Anna había dicho, le interesaba comprar.
Mientras estas chicas mostraban los productos paseándose de un lado pal otro, yo pensaba "si supieran que soy una muerta de hambre, me sacan del negocio a paraguazos en la cabeza".
Cada vez que Anna señalaba una prenda, sin hablar, el empleado que teníamos a nuestra disposición, anotaba obsecuente.

Nos fuimos de allí con grandes paquetes que faroleaban las marcas. Cada una de esas bolsas costaban, seguramente, mucho más que toda la ropa que yo llevaba puesta encima.

La segunda vez que me sentí parte del Jet Set, fué cuando, gracias a Anna, de pronto me encontré entre condes, duquesas y caretas con linaje, en el castillo de la prima de los príncipes de Mónaco. Un papelón.

Sin embargo, el otro día, me sentí millonaria acá, en Argentina.
Mi amiga Ana , acaba de mudarse a una casa en zona norte, que le costó algo así como medio palo verde. Nos invitó a cenar para conocer su nueva adquisición.
"A las nueve, está bien. Pero te recomiendo que salgas un poco antes, por si te perdés o no encontrás la dirección", me sugirió, y me pareció lógico.

A las ocho, Marcelo y yo, ya estábamos en el barrio, sobre la calle que nos habían indicado. Fué muy fácil llegar. Íbamos a paso de hombre, sobre el auto, buscando la numeración.

-Dos mil seiscientos dieciocho... dos mil seiscientos treinta...dos mil seiscientos cincuenta y cuatro... DOS MIL SEISCIENTOS SETENTA! Acá, Marce. Es acá!

Madre mia! Era la casa más grande, más imponente, más soberbia que había visto en mi vida!
Un caserón antiguo, de estilo francés, de esos que se construían a fines del siglo XIX.
Parecía un palacio, pintado de blanco, con balcones terraza y ventanales por todas partes, rodeado por parque descomunal, repleto de palmeras y ligustros.

-Guau!- exclamé sorprendida- Parece el hospital francés. Estás seguro que es la dirección exacta?
-Sí; es dos mil seiscientos setenta. Es acá. Bajá y tocá el timbre- ordenó mi marido tomando la cosa con naturalidad.
-Es temprano todavía. Mejor nos quedamos en la puerta un rato, si?
-En la puerta? Para qué?

No podía perderme esa oportunidad. Tenía que pararme cerca de las impresionantes rejas que separaban lo público de los privado y presumir ante todos aquellos que pasaban caminando o en coche, que esa casa era mia o, al menos, que yo tenía algo que ver con ese lugar.

-Dame un ratito, Marce.- bajé del auto, dejando a Valentina y a mi marido dentro de él, y me apoyé contra una columna, a mirarme las uñas, relajada.

-Qué hacés, boluda?- gritó mi esposo haciéndo montoncito de dedos.
-Shhh! Esperá! Un par de personas más que pasen y me envidien y toco el timbre.
-Dejate de hacer pavadas, Sonia! Lo único que falta, es que pasen unos delincuentes, te rapten y pidan rescate. Yo hasta cien pesos, pago; más no tengo.- bajó del auto con la gorda y llamó a los dueños de casa, matando así mi espíritu glamoroso prestado por un rato.

No hay caso; mi marido nació para ser pobre.
junio 05, 2008
Esencias
Nada es por casualidad en la vida. Nada.

Somos lo que somos, un poco, por nuestra propia esencia y otro poco, por la esencia de quien tenemos al lado...



Mi suegro y mi suegra se separaron hace algunos años, después de treinta y pico años de un matrimonio fatal. Nos anoticiaron de la decisión tomada, cuando estábamos viviendo en Italia.
Lo primero que exclamó mi marido fué "Al fin! No me explico por qué dejaron pasar tanto tiempo!".

Si resulta difícil encontrar una pareja a los treinta, luego de una desfortunada experiencia conyugal, cuánto más trabajoso será a los sesenta, cuando se ha estado casi toda una vida al lado de otra persona y cuando las manías y los vicios están cincelados en nuestros huesos sin posibilidad alguna de barajar y dar de nuevo.

Nos preguntábamos cómo harían para seguir adelante, luego de haberse acostumbrado, mal o bien, a estar juntos; si podrían alguna vez volver a amar y ser amados; ser felices, al menos, por un rato, con alguien que les haga bien y los acompañe.
Las respuestas no tardaron en llegar:
mi suegra, jamás podría encontrarse con alguien que la soporte pues, para un tipo, la opción de estar solo y sentirse deprimido, al borde del suicidio, es siempre mejor que aguantar a esta mujer dia y noche.
Para mi suegro, en cambio, fue inmensamente más fácil.

Poco tiempo después de la separación, Alberto conoció a Sandra, mi suegrastra y amiga.

Estaba en el gimnasio, concentrado en su práctica diaria de bicicleta fija y, a su lado, sobre la cinta caminadora, una mujer rubia y joven, le dió una buena idea: dejar de mirar la aburrida pared de enfrente y apuntar la vista al culo de la mina.
No le llevó demasiado para sacar dos conclusiones que fueron decisivas: la primera, "qué buen culo!" y la segunda, "No me lo puedo perder".

Mi suegro es un tipo directo, asi que la encaró sin ceremonias previas y tediosas. Pasó por alto las preguntas de rigor a las que cualquier hombre normal hubiese recurrido para comenzar una charla ("venis seguido a este gimnasio", "qué humedad que hay, no?", etc), y, sin rodeos, le preguntó si algún día, iba a aceptar salir a cenar con él.
Habrá sido su espontaneidad, su desparpajo, su sinvergüenza, lo que hizo que Sandra, se echase a reir y le respondiese con un inesperado "Bueno. Por qué no?".

Asi de fácil como parece haber resultado la cosa, Alberto, sin embargo, debió remarla bastante en los meses sucesivos para concretar con la rubia.

Sandra era una chica ideal para cualquier hombre solo: soltera, joven, linda, culta, docente, fina, buen pasar. Para cualquier hombre solo... pero no para mi suegro que es separado, grande y que se come las eses.

Yo, que soy muy mala, tuve mis prejuicios respecto de esta relación tan dispar. Me preguntaba qué hacía que una mujer libre, independiente y con toda la vida por delante, aceptase estar con un hombre veinte años mayor, que tiene exactamente la edad de su madre.
Barajé todas las elucubraciones malvadas que se le pueden ocurrir a una mente como la mia: "quiere su dinero", "esta mina está mal de la cabeza", "busca un padre", "no es normal".

El tiempo y las actitudes, hicieron que debiera tragarme aquellas sentencias y, como soy mala pero sincera, un día se lo confesé.

Mi suegrastra es compañera, afectuosa, respetuosa, paciente. Se rie de todas las pelotudeces que que se le ocurren decir a mi suegro; se divierte con él. Es gamba, discreta. Lo apoya, lo tolera, lo comprende. Lo aguanta, dios mio, lo aguanta!
Con sus nietastros es sumamente afectuosa y presente. A Valentina le enseñé a llamarla "bobe" o "bobelastra", pues es moishe, y ella, a sus cuarenta y cuatro, está chocha con el título Honoris Causa.

Mi suegro, desde que está a su lado, es otro tipo. Hay, sin dudas, un antes y un después de Sandra en su vida. No, no es que ahora hable correctamente, meta las eses en las palabras que las llevan o se haya convertido en un gentleman. Sigue siendo el mismo impresentable de siempre pero ahora, es más humano, o lo parece; es más razonable, o actúa muy bien y está más tranquilo, más asentado y más contento.
Viajan por el mundo, salen a pasear, a cenar; están permanetemente de joda. Disfrutan. Aprovechan cada minuto como si fuese el último.

Le llevó muchos años, casi todos, pero le llegó al fin.


Conclusiones:

* Para los hombres que se sienten solos y desean una compañera que les inspire paz y seguridad:
mi suegra está disponible.

* Para las mujeres que creen que jamás encontrarán al hombre de su vida:

busquen un gimnasio y, si un tipo les propone una salida, no se hagan las estrechas, no histeriqueen. Relájense. Ese hombre puede ser el Alberto que estaban esperando. (Rajen!)


EN ALGUNA PARTE ESTÁ AQUEL QUE NOS DEVUELVE MEJOR PERSONA.
junio 03, 2008
Volver al pasado
Cuando en mi celular suena la música de la película Misión Imposible, es Marcelo quien me está llamando. Eligí ese sonido porque cada vez que quiere hablar conmigo, es para pedirme algo que no voy a tener ganas de hacer o para retarme por haberme olvidado de alguna cosa importante. Pero cuando suena la musiquita de la película Pulp Fiction, esa que grita "Bad mother fucker...", es Fede el que está llamando.

El viernes atendí el telefonito y, del otro lado mi hijo, con aires de fanfarrón, me dijo:

-Te llamo para que me digas cómo se oye del otro lado cuando alguien te habla a través de un Sony Ericsson dobleV ochenta i de color blanco.
-Igualito a cuando me llamabas por el Motorola negro, como un deficiente.

Se había comprado un aparato sofisticado, vistoso y caro y estaba contento por eso.
Cuando regresó a casa, me lo pasó por la nariz, orgulloso, y me lo entregó para que lo admirase.

-Blanco? Es de puto.
-A mi me gustó blanco.
-Pero es de puto.
-Pero no está rebueno? Mirá la tapa!- la desplegó- Mirá el teclado! Mirá el...

Uuuuuy! Me acordé de mi propia felicidad cuando, allá por 1980, tuve mi primera joya tecnológica...

Cuando cumplí los quince, mi papá me sorprendió con un regalo increíble: un reloj de pulsera digital Texas Instruments, todo negro con números luminosos rojos, que tenía calculadora. Era un socotroco inmenso, nada femenino, pero, en aquella época, si no tenías uno de esos traídos de Miami, "no esistías".
El tecladito de goma era tan pequeño, que se debía usar la punta de un bolígrafo o lápiz para presionar un número porque, si usabas los dedos, probablemente, la cuenta saldría mal.

-Guauu! Gracias, papá! Es el mejor regalo de mi vida!-le dije colgándomele al cuello.
-Cuidalo mucho porque cuesta un montón de guita. Vaya a sabé lo malabarimo que voy a tené que hacé para terminar de pagarlo.- Me cagó la fiesta. Siempre tenía que embarrarla. No era necesario hacerme saber el sacrificio que había costado ese regalo. Qué costumbre la de mis viejos de darme algo y hacerme sentir culpa por tenerlo!

Elegí la diestra para usarlo y, a partir de allí, siempre los relojes los llevé en esa muñeca.

Yo andaba con mi reloj importado, chocha de la vida.
Cuando estaba frente a alguien, buscaba la oportunidad para mostrárselo: me rascaba la frente, gesticulaba con la mano derecha hasta que el otro lo notaba.

-Qué lindo reloj!- Siempre esperaba a que me dijesen eso para poder arrancar.
-Si. Es importado. Tiene cronómetro, cuenta atras, fecha, alarma. Es WR!
-Qué es WR?
-Ay! No sabes? Water resistan!
-Ahhhh...

Era época de remeras Pengün y zapatillas All Stars, todo traido de Miami. Era época de Serú Girán, de Funkytown, de Pirámide. Del flequillo de costado sobre la frente, que soplábamos con el labio inferior para correrlo de los ojos. Era época de pulloveres de bremer escote en V. Época de chetos y pardos. De Little Stone.

Mi primer cigarrillo, lo fumé casi para usar la mano derecha y poder farolear mi reloj Texas Instruments negro.

La profesora Riviere, la de matemáticas, me prohibía llevarlo puesto en el horario de su materia. Creía que mis cuentas, las haría valiéndome de la calculadora. La odié más de lo que ya la odiaba, sobre todo, porque era imposible presionar un número sin hacer bardo . Qué estúpida!

Era la única, de todas mis amigas, que llevaba una joya semejante. Patricia tenía la bici con cambios y el asiento banana. Ana tenía muchos Levi's, de cortes distintos. Andrea llevaba a las clases de tenis, sus conjuntos Grand Slam y le decía "bol" a las pelotitas. Pero yo tenía mi reloj negro con números digitales rojos y calculadora! Quién podía joderme?

-Te conté de cuando mi papá me regaló el reloj Texas Instruments? Fede! Federico! Adónde estás? Te fuiste?
-Si, mamá...hace como media hora que estoy en la pieza. Te quedaste mirando un punto fijo. Te hablaba y no me contestabas, asi que me fui a la mierda!
-Ah! Es que volví al pasado. Disculpame... Me mostras el teléfono blanco puto, otra vez...?
mayo 30, 2008
Se puede querer a un hombre malo.
Mi nonno Aldo era un gran pescador deportivo.
Gran parte del año vivía en Bariloche, en el kilómetro 3.800, frente al lago Nahuel Huapi.
Cada día, cruzaba la ruta y pasaba horas parado o sentado sobre una piedra, siempre la misma, echando su sedal al agua y recogiéndolo, sistemáticamente, con el riel, sin cansarse ni decepcionarse si volvía vacío.
Él fabricaba sus propias cucharas . Eran verdaderas obras de arte. Las pintaba con colores llamativos y les enganchaba metales plateados y dorados y asi, resultaban irrestistibles para las pobres truchas que sucumbían deslumbradas a la presa, sin saber que la presa, eran ellas.

Todos los pescadores sabían muy bien que esa piedra, ese preciso lugar, era de mi nonno Aldo y lo respetaban. Cuando alguno se paraba allí para probar si acaso tendrían la misma suerte que él, bastaba con verlo llegar para recoger sus cosas e irse en busca de otra piedra, porque esa, justo esa, era de Don Aldo.

Un día, mi nonno estaba, como de costumbre, pescando en su lugar. Tranquilo, en silencio, en paz. Unos hombres vestidos elegantemente y con anteojos oscuros, se le acercaron y le pidieron, en principio amablemente, que se fuera de allí. Mi nonno, sorprendido, les dijo que no y siguió con su tarea.
Los hombres insistieron y le repitieron una y otra vez que no podía quedarse, que buscase un sitio más alejado.

-Ma qué dice? Yo no me muevo de acá.
-Usted debe irse de este sitio. Tiene que entenderlo o se lo hacemos entender por la fuerza.
-Ma qué fuerza ni fuerza! Ustede se van de acá! Y no me molesten má! Vamo, fuera!

Los hombres comenzaron a impacientarse. Recogieron sus cosas y lo tomaron por un brazo.

-Abuelo, usted tiene que irse. No nos obligue a hacer cosas que no queremos.
-Yo no soy su abuelo! Y no me voy nada de acá. Llame a la policía si quiere y vamo a ver quien tiene razón.

Los tipos se miraron y sonrieron.

-Nosotros somos la policía, abuelo.
-E por qué me quieren sacar de mi piedra? Si yo no molesto a nessuno? Deme una razón e me ne vado.
-Es que este lugar fue elegido por una persona para pescar y esa persona no quiere que haya nadie cerca suyo. Comprende?
-Ma que se vaya a otra parte entonce! Qué manía tiene de coder a los que estan tranquilos sin molestar a nadie?

Mientras discutían, un hombre apareció custodiado por guardaespaldas. Preguntó qué estaba sucediendo y se acercó a mi nonno, para dialogar.

-Que esto maleducado quieren que me vaya porque dicen que hay un tipo que quiere venir justo acá, adonde estoy yo sin molestar a nadie.
-El abuelo tiene razón- dijo el hombre muy educado- habiendo tanto espacio, por qué elegir justo el sitio en donde él está pescando tranquilo? Dígame abuelo, cómo se llama usted?
-Ma qué me dice abuelo se usté es vieco como yo! -todos rieron-Aldo e usté?
-Orlando, mucho gusto- y le extendió la mano, que parecía franca y segura.
-Hace mucho que viene a pescar aquí?
-E si! Mucho! - y Aldo comenzó a contarle toda su historia de pescador de truchas y su pasión y su amor por el Nahuel Huapi.

El hombre se sentó; los tipos de anteojos oscuros, se alejaron un poco pero quedaron atentos, de pié, como custodiando la escena. Mi nonno sospechó que "la persona que había querido quedarse con su piedra" era Orlando. Igualmente, disfrutó de la charla porque, después de todo, el hombre había sido muy educado, amable con él.

A partir de allí, Orlando, siempre con un séquito de tipos de anteojos oscuros y autos con vidrios polarizados, cada día, pasaba a buscar a mi nonno por su casa y juntos iban a la piedra del lago para pescar , charlar y divertirse .
El hombre aprendió de Aldo todo los secretos del lago. Mi nonno le obsequiaba cucharas, fabricadas especialmente para él, le corregía errores en las posiciones y le sugería tácticas.

Juntos, se encontraban muy bien. Pasaban horas hablando o en silencio, gozando del paisaje y de la nada o el todo.

Se hicieron muy amigos.
Aquel hombre, quien de modo caprichoso, había enviado a sus prepotentes empleados para echar a mi nonno de su piedra del lago, se había convertido en un compañero temporario, un respetuoso y agradable compinche.
Cada verano, durante varios años, el hombre viajaba especialmente a Bariloche, tan solo para pasar unas semanas de pesca junto a su amigo Aldo.
Mi nonno recibía regalos, en señal de agradecimiento y mucho afecto de ese tipo del cual, no conocía más que su nombre. Y la verdad, es que no le importaba más que eso.
Una vez, recibió un paquete, cualquier dia, con una hermosa caña de pescar, cara, de las buenas. Una notita que acompañaba el paquete decía: "Para mi maestro. Gracias. Orlando".

Un verano, allá por los ochentas, Orlando no apareció ni dio señales de vida, ni mandó a mensajeros. La casa que solía ocupar, el chalet majestuoso y misterioso de la avenida Book, estaba evidentemente vacío.

Nunca más supo de él. Sentía pena y, cada tanto, se preguntaba en voz alta, qué sería de la vida de su amigo.

-Un hombre corretto e respetuoso. Limpio. Un buen aluno. Un señor que no se metía en lo que no tenía que meterse y no preguntaba más de lo que yo quería contarle.
-Y de qué trabajaba, nonno?-le preguntabamos cuando le pintaba la nostalgia
-E qué se yo? Ma se ve que era un hombre rico e importante porque siempre tenía a esos tipos que le hacian de guardaspalda. Ma igual, nunca me hizo sentir la diferencia. Era un hombre respetuoso e humilde.

Muchos años después, en 1984, en Buenos Aires, Aldo miraba la tele. El noticiero mostraba las imagenes de un ex militar, uno de los responsables del Golpe de Estado del 24 de Marzo del '76, que era trasladado a la Unidad 22 de la calle Viamonte, tras la decisión de la Cámara Federal, de dictarle prisión preventiva. Era Orlando Ramón Agosti. El periodista que relataba la noticia, hablaba pestes de él, todas ciertas...

Mi nonno bajó la vista y solo dijo

-Ma cómo alguien tan bueno puede ser tan malo? É una lástima. Me siento culpable por tenerle afetto. Me siento culpable...
mayo 29, 2008
Matrimonio por conveniencia
-Marce, tomé una decisión.
-Cagamos...

(Por qué siempre que digo "estuve pensando" o "se me ocurrió algo" o "tomé una decisión", mi marido y mis amigos me responden con un "cagamos"?).

-Faltan cuantro años para cumplir nuestras bodas de plata. Vamos a casarnos de nuevo. Qué te parece?

Marcelo tosió y hasta que escupió sangre.

-Para qué queres que nos casemos de nuevo? Vos pretendes hacer toda la parodia de la iglesia y la fiesta como si fuese la primera vez?
-Iglesia no pero fiesta si.
-Desde cuando sos tan romántica? Qué te picó?
-No es por romanticismo! Es por conveniencia.

Hay una determinada mirada con la que mi esposo intenta atravesar mi cabeza y llegar al hemisferio derecho de mi cerebro, ese que tiene relación con las funciones de intuición, imaginación y creatividad artística. Como nunca lo consigue, hace más fuerza para conseguir llegar al otro hemisferio cerebral, el izquierdo, aquel que se ocupa de la lógica y el razonamiento, tal vez para anularlo y ayudarme a abortar ideas que pueden ser peligrosamente ejecutadas en cualquier momento.

-Qué significa que querés casarte de nuevo por conveniencia? Hace veintiún años que estamos juntos, nena! Todo lo tuyo es mio y todo lo mio es tuyo en partes iguales. Qué querés inventar?
-Nada. O mejor dicho, todo. Estuve pensando en la conveniencia de volver a casarnos.
-Vos estás tomando la pastilla para la tiroides?
-Si. Pero no entendés. Si dejás que te explique, posiblemente puedas comprender cuales serían los beneficios de volvernos a casar.
-Volvernos a casar... Pero vos y yo? o vos con otro y yo con otra? Porque sinó, no le encuentro la ganancia.
-Es fácil. Deberíamos renovar algunas cosas en casa. Frazadas, sábanas, chucherías. Además, quisiera cambiar la aspiradora, comprarme una enceradora, un rallador eléctrico para queso, batería de cocina...
-Si, y?
-Y... que si nos casamos de nuevo, con la excusa de que queremos renovar los votos de amor y esas pelotudeces que ya, ni a vos ni a mi, a esta altura, nos interesan un pito, podríamos justificar una lista de regalos en algun negocio paquete para cambiar todo lo que hay en la casa. Y quien te dice?, hasta podríamos hacer un viaje de luna de miel, abriendo una cuenta bancaria para que los invitados depositen su regalo en papel moneda. Qué te parece?

Hay otra mirada de mi marido con la que intenta atravesarme el cerebro, hemisferio derecho e izquierdo simultáneamente, para asesinarme sin tocarme un pelo y no dejar marcas.

-Te ofenderías mucho si te insulto un ratito?
-Y...si.
-Entonces me voy afuera a tomar fresco.
-Espera! No te vayas todavía sin responderme. Querés o no querés casarte conmigo dentro de cuatro años?
-No. Ni en pedo! Casate con otro. Yo les salgo de testigo.

Qué dije de malo para que me responda asi? No entiendo.

Qué poco prácticos son los hombres!






mayo 26, 2008
para la tos no hay como las ventosas
Valentina hace veinte días que no da pié con bola.
Comenzó con una tosecita bonachona.

-Éstas cosas, antes de ir al jardín, no le pasaban.- rezongaba mi marido en mitad de la madrugada cada vez que la escuchaba toser.

Luego, temperatura, dura y pareja. "Una viral", aseguraron los médicos; "vapor de agua, nebulizaciones cada seis horas y paciencia".
Ni tener la ducha abierta durante todo el día y convertir mi casa en una imitación ituzainguense de un cuadro de Claude Monet, de la neblinosa Londres, ni hacerle una traqueotomía enchufándole el tubo del nebulizador en el agujero del cuello, evitaron que el cuadro se embarullase: fiebre a 40 grados, sostenida y rebelde, y más tos, mucha más tos.

-La culpa es del jardín y de los padres de sus compañeros que mandan a los nenes apestados para contagiar a mi princesa!-insistía Marcelo.
-No... la culpa es de los mormones, definitivamente- concluía yo.

Valentina fue empeorando y comenzó a presentar un cuadro respiratorio jodido. Broncoespasmos y principio de falso crup, que nos hacieron cagar en las patas a horas insólitas, más de una vez.

Supongo que los directivos de la medicina prepaga, estarán evaluando a estas horas, echarnos del sistema. Nunca alguien llamó tantas veces al médico a domicilio.
Ellos habrán perdido la paciencia, pero nosotros más.

-Doctor- decía mi marido asomando la cabeza por sobre el hombro del galeno mientras éste, revisaba a Valentina- no nos mande a hacerle vapor con la ducha porque no sirven para una mierda. Y las nebulizaciones tampoco sirven para nada. Con ese cuentito del nuevo concepto de no medicar a los chicos, la nena fue yendo de mal en peor. Asi que vaya pensando qué remedio cojudo le va a dar porque es inhumano dejar que la pobre siga ahogándose cada vez que le agarran esos absesos de tos.

-Sí, y además, nosotros ya somos papás viejos, sabe? y si seguimos sin dormir, la chica va a quedarse sin padres para que la puedan atender cuando se descompone y la culpa va a ser de los médicos que la atendieron en este proceso. Le aviso que ya dejamos una carta advirtiendo que, si nos morimos por el cansancio y el estres, la justicia deberá ir a por ustedes.- agregaba yo con tono amenzador.- Además, debimos postergar el festejo de nuestro veitiunavo aniversario...

-Vigésimo primero se dice- corrigió Marcelo.
-Veintiunavo también
-No; decir vigésimo primer aniversario es lo correcto
-A mí me gusta decir veintiunavo
-No; vigésimo primero es ordinal y veintiunavo es partitativo, en este caso...
-En éste caso más que nunca, es partitativo, nene! Se trata de nuestro aniversario!
No hay nada que me de más bronca, que me corrijan delante de terceros. Se la seguí hasta que se cansó de discutir.

Es que el no dormir, irrita... Mientras tanto, el médico seguía revisando a la gorda, en silencio, con la cabeza hundida en el tórax de la nena, por si le volaba una trompada. Al final, y habiéndolo puesto en autos de los ánimos por las toses, los desvelos nocturnos y las postergaciones de festejos y otras yerbas, el tipo no se animó a concluír que el cuadro era viral, a pesar de todo. Le recetó cualquier verdura con tal de dejarnos contentos y tranquilos y se fué. Huyó. Creo que renunció después.

Ayer domingo, otra vez sopa, debimos llamar a la emergencia médica de la prepaga.
Vino una doctora, de unos sesenta años. "Genial!", dijo mi esposo, "Los médicos viejos son los que la tienen más clara. Vas a ver".
Resultó ser una médica hipocondríaca. Se pasó una hora y media en casa, hablando sobre sus enfermedades y contando que había decidido trabajar los días domingo, porque su marido es un psicópata y ella sufre de depresión dominical. "Ya tuve varios intentos de suicidio en días domingo".
Terminamos sugiriéndole, nosotros a ella, unos remedios geniales para sus fobias y padecimientos, unos, que a otras personas le resultaron, y le pasamos dirección y teléfono de un otorrinolaringólogo, una hematóloga y un neumonólogo muy buenos, para que consultase otras opiniones respecto de sus dolencias crónicas.

Cuando se fué, caímos en la cuenta de que ella se había llevado mucha información para sus problemas pero que no había recetado nada para las de Valentina. Qué al pedo!

La gorda sigue con su tos desde hace veinte días. Mi marido sigue insistiendo, y cada vez está más convencido, de que su hija deberá hacer el jardin de infantes, la primaria y la secundaria, por internet, para evitarle contagios y bulling. Y yo, que los médicos no sirven para nada y que decir veintiunavo, es mejor que decir vigesimo primero...
mayo 23, 2008
Berretada made in Argentina
Aprendí a hacer esos cartelitos que salen cuando se apoya el mousse sobre una palabra señalada. Esos que aclaran u oscurecen. Asi que decidí escribir el siguiente post, solo para darle una utilidad a la información. Total, mañana ya la habré olvidado. Por lo tanto, después del laburo que me acabo de mandar, va a ser mejor que apoyen el ratón en cada una de las palabras que estén resaltadas en color verde y me digan que valió la pena el desgaste neuronal.

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Me preocupa el emberretamiento de este pais.

Argentina tiene dos mundos perfectamente diferenciados: el Clase A, donde todo es correcto como corresponde y el Clase B, de berreta, donde todo es de cuarta y, en vez de mejorar las cosas y levantar el nivel, igualamos para abajo.

Pero no quiero referirme en este post a los productos de segundas y terceras marcas que ofrecen a menor precio los negocios. No, esos no me molestan porque se trata de alternativas que uno no está obligado a comprar. Quien puede, adquiere aquellos con nombres y apellidos conocidos y asi, paga más cara la seguridad de llevarse algo que no lo matará de inmediato. Aquellos que no pueden, y bueno, quévahacer! deben conformarse con comprar los otros, los que traen sorpresas, como los huevitos Kinder (quesos con cachos de uña, pizzas con patitas de cucarachas, empanadas con carne de perro, etc).

Tampoco me refiero a la pésima calidad de la televisión que parece estar atravesando la "era del gato", en la cual, a cualquier hora en que se decida prenderla, hay un culo o un par de tetas adornando la pantalla. Y nada más para ofrecer.

De lo que hablo, es del emberretamiento del vocabulario en general y, en particular, de quienes deberían hablar correctamente.

Estoy repodrida de oír a periodistas, como Luis Majul, entre otros, (al que a veces miro para odiarlo especialmente, porque me da tanta bronca que sea tan malo en su profesión que disfruto detestándolo), conjugando un verbo que debería decirse en pretérito imperfecto del tiempo simple del modo subjuntivo , en un condicional simple del modo indicativo .

"Si el gobierno escucharía la propuesta del campo y el campo escucharía al gobierno..."

Me hace mal a los oídos; es como si estuviese oyendo una canción cantada por un desafinado ; como si me pinchasen con una aguja en una cacha. Me corre una electricidad y me despierta un instinto asesino de temer.

No tienen vergüenza!
Se les debería poner una multa a los que tienen un espacio en un medio de comunicación masivo y hablan mal. Por improvisados!
Al que mete el "de que" donde no corresponde, mil pesos por cada "de que".
Al que dice "lapso de tiempo", como si hubiese un lapso de otra cosa, además del pro-lapso, otros mil.
Al que comete pleonasmo , el sueldo completo, por ladrón.


Como dijo el filósofo italiano Giusseppe L'ortotilofacioio, hablar bien no cuesta nada .
mayo 21, 2008
La enferma imaginaria
Cuando mi suegra quiere llamar la atención o conseguir algo sin esfuerzo, apela al viejo recurso del "ay, pobre de mi".
Como todos la conocemos bien, ya nadie le lleva el apunte ni acusa recibo de sus quejas.

Cuenta Marcelo que, cuando era chico, muy chico, bastaba con que sus padres discutieran para que su mamá comience a correr riesgo de muerte. Se agarraba de alguna boludez, un quistecito sebáceo, un pelo encarnado, una uña machucada, para hacerles creer a los demás que estaba gravemente enferma. Dice que mil veces lo sentó en su regazo y le contaba sobre su agonía:

-Hijo querido, mamita está enferma y es probable que...- dejaba lo que queda de la frase en suspenso; sollozaba un poco y continuaba inspirando profundo- Mamita quiere pedirte que seas un hombre de bien. Que busques la manera de ser feliz sin meterte en problemas. Mamita siempre va a estar cerca tuyo aunque no la veas...- otra vez dejaba colgada la frase, sollozaba y continuaba- Marcelo, mi vida, yo siempre estaré presente en tu corazón y cuando me busques porque me necesites, bastará que mires al cielo y mamita te acompañará desde el alma...- se daba unas vueltas de manija y se largaba a llorar, inspirada por el argumento de su propio culebrón. Mientras tanto, el pobre chico, quedaba confundido y culpable sin saber qué hacer para consolar, ayudar y retener a esa madre a quien estaba por perder de un momento al otro.

Desde que conozco a mi suegra, estuvo a punto de morir por diferentes enfermedades fraguadas, al menos, unas decenas de veces. De tanto simular y creérselas, conseguía padecer sus síntomas, despistando muchas veces a médicos credulones.

Según los registros que llevo en mis diarios personales, Marta tuvo las siguientes enfermedades:

Cáncer de colon, que resultó ser un cúmulo de pedos no eliminados que pujaban por salir de ese abdómen. Hasta se sometió a una endoscopía intestinal con tal de hacerlo más creíble.

Cáncer de útero, que resultó ser un fibroma común y corriente que le extirparon cuando ya el ginecólogo dejó de soportarla, luego de lo cual, mudó su consultorio sin dejar su nueva dirección.

Cáncer de mamas, cuyo tumor palpable resultó ser un granito en una teta que evolucionó favorablemente, como todo grano.

Problemas cardíacos irreversibles con peligro de muerte súbita, que resularon ser arritmias típicas de una hipocondríaca crónica. (Con ésta, todavía sigue jodiendo cada tanto).

Hipertensión arterial con riesgo de accidente cerebro-vascular inminente, que resultó ser una variación de la presión a causa del estres (cuando se agarra una rabieta) a lo que agrego y me hago cargo, causada, fundamentalmente, por el sedentarismo y el pensar pelotudeces todo el día. Estos episodios hicieron correr a su ex esposo y su hija médica, varias veces, hacia alguna clínica ya que la mujer se autointernaba para hacer el cuadro más dramático.

Pero lo que colmó la paciencia de todos, fué cuando comenzó a presentar síntomas de una grave enfermedad en sus córneas e hizo correr la voz de que estaba sentenciada a una pronta ceguera.

Recuerdo una navidad, hace diez años, estábamos sentadas debajo de mi abedul tomando fresco, ella, mi madre y yo. Marta sacó un papel de su bolsillo y nos dijo que quería compartir con nosotras un poema que había escrito, inmersa en una profunda depresión y empezó a leer algo asi:

"Quizás, ésta sea la última vez que escriba.
Tal vez, ésta sea la última vez que pueda ver a mis seres amados.
La obscuridad me está persiguiendo y pronto me alcanzará.
Y no ví todo, aún, lo que hubiese querido ver. Me falta.
No estoy lista para que luz se apague.
No pueden morir los colores de las flores.
Quiero quedarme con la imagen de mis hijos
mirándome con compasión por haber perdido las retinas..."

Una verdadera mierda!
Mi vieja, que para acoplarse a la victimización de los demás y hacerla propia, lloraba y lloraba y mi suegra, se abrazó a ella y entre las dos, regaron mi pasto con sus lágrimas boludas.

Desde entonces, el temita de la ceguera, ronda cada tanto como fantasma aquerenciado.

Ayer, me llamó para contarme que se le cayó la retina, la otra, porque una ya se le había caído cuando mi suegro se fue definitivamente de la casa.

Estoy segura de que anda tramando algo y está preparando el terreno. Me lo dijo con tonito de "hacé correr la noticia"; debe querer que se entere alguien en particular.

Y yo no se lo dije a nadie, a propósito...
mayo 19, 2008
Qué fué primero, el pollo al horno o la gallina?
Mi marido siempre dice que tengo un exceso de imaginación y mi hijo traduce esa frase, asegurando que lo que padezco es un serio problema de maduración mental.
Básicamente dicen lo mismo pero como cada uno tiene un compromiso diferente conmigo y, el efecto que puede provocar cualquier juicio hacia mi persona les afecta de un modo distinto, ambos llegan al mismo sitio transitando atajos desiguales.
Es por eso que Marcelo es más sutil para decirme lo que Fede me dice directamente: que soy una pelotuda que hace pelotudeces permanentemente.

A mi no me interesa nada. Soy feliz siendo como soy y siempre les digo que, el día en que ya no esté, van a recordarme por esas cosas que hoy me critican.
Es lo mismo que sucedió con mi viejo a quien si hubiésemos podido esconder en un baúl, como a Chirolita, mientras había visitas en casa, para evitar que hiciera o dijera estupideces vergonzantes, lo habríamos hecho y, sin embargo, hoy, que no está, extrañamos cada una de su taradeces y no te imaginás la falta que nos hacen!

Muchas veces, estamos comiendo y Federico me señala que, en mi frente, tengo un cacho de lechuga pegada. Él lo hace discretamente, con el propósito de que me lo quite de ahí pero yo, rebelde, me lo dejo y siempre aprovecho para hacer apologías de los pedazos de lechuga que a uno se le pegan cuando come.

-Si la lechuga está ahí, por algo es. Nada en la vida es por casualidad de manera que, dejémosla a ver qué mensaje quiere transmitirnos y adonde quiere llegar.

Fede dirige la vista hacia su padre y ambos, se muerden el labio inferior y cierran los párpados. Yo sé bien qué quiere decir ese gesto asi que, levanto la apuesta para irritarlos y entretenerme un rato. Tomo otro pedacito de lechuga y me lo ubico en otra parte de la cara

-Para que tenga compañía. No es bueno que la lechuga esté sola...

Y asi comienzan los improperios que, asumo absolutamente, busco y busco hasta que los encuentro. Y me los banco. Y me divierten.
"Pero mamá! Sos grande para hacer esas pavadas! Es un asco que tengas pedazos de lechuga pegadas por toda la cara! Sacate eso!" Mientras mi esposo, menea la cabeza, diciendo sin decir "no hay solución. Está todo perdido..."

A veces, mis elecciones a la hora de divertirme, se pasan del límite. Lo que ocurrió el viernes no sé cómo repararlo.
Valentina está enferma desde hace diez días y tal vez, haya sido el cansancio de mi neurona lo que me llevó a hacer una salvajada que, como madre, no tiene retorno ni perdón.

Había descongelado dos pollos chicos y los estaba limpiando. La gordita andaba cerca mio, pidiéndome upa, porque no se sentía bien. Yo tenía que cocinar y, para entretenerla y que se dejara de joder por un rato, se me ocurrió hacerle una función de títeres con los cadáveres de las aves.
Los tomaba por las alitas e improvisaba diálogos:

-Hola gallinita! Cómo estás? Querés jugar conmigo?- decía un pollito y, agarrando al otro, continuaba la obra.
-No, no quiero jugar. Estoy un poco deprimida.
-Por qué estas triste?
-Porque estoy toda desplumada y me van a cocinar y yo no quiero que me cocinen.
-Uhhh! A mi también me sacaron todas las plumas! Ufa! Y ahora, cómo vamos a hacer para volar?
-Las gallinas no volamos, estúpida. Por eso es que somos presa fácil para la cacerola o el horno.
-Tenés razón, amiga. No lo había pensado...

Muy copada estaba yo con mi obra de teatro, cuando, de pronto, giré la cabeza y noté que Valentina estaba llorando en silencio. Largué los pollos a la mierda y me acerqué a la nena para preguntarle qué le sucedía.

-Pobres gallinitas, mamá...buáaaaaa!-y me abrazó con fuerza- yo no quiero que cocines las gallinitas...buaáaaa! Pobrecitas, mamá...pobrecitas las gallinitas...buáaaa!

Yo solo quería entretenerla un rato y lo que conseguí es que descubriera que, los pollos tan ricos que suele comer, no son más que esas gallinas felices que suele ver en las granjas o en algunas casas del pueblo en donde vivimos.
Quise reparar la burrada cometida y volví a los pollos. Creo que la embarré peor.

-Bueno, pollitos, ahora la mamá de Valentina les salvará la vida. Les pegaré las plumas nuevamente y los dejaré libres para que puedan jugar con otras gallinitas.- Tomé a uno por las alitas y continué con la parodia.
-Gracias!! Ahora podremos ser como todas la gallinas! Gracias por no cocinarnos. Gracias por querernos! Gracias por...- y otras estupideces más que ni me acuerdo.

Valentina seguía llorando, con más fuerza.

-No tienen cabeza!!! Buáaaaaaaaaaaaaaaa!

Le expliqué, culposa, que en realidad no eran gallinas, que eran como el arroz o el jamón crudo, una cosa que no tenía vida y que, dada la forma que tenían, yo había aprovechado para hacerlas pasar por gallinitas solo para el teatro de títeres.

No quedó muy convencida. No me creyó.

A la noche, mientras comía la pata que tanto le gusta, me preguntó si eso que le había servido era la patita de la gallinita. Quedó traumada la pobrecita. Le expliqué que no, que era un modo de llamar a ese trozo de comida, asi como se llama hipotéticamente al "culito del pan" o al "cuello de botella" o a la "boquita de dama".

Y bueno, che! Bastante que todavía vengo conteniéndome y no le dije que Papá Noel es el padre y que el INDEC no dice la verdad cuando tira las cifras de la inflación.

Es verdad que soy una inmadura y que hago pelotudeces, pero es lo que hay.
Después de todo, la culpa de que tengan una madre como la que tienen es de mi suegro. Que le reclamen a él!
mayo 15, 2008
El opa que me ama
Cuando me mudé a esta casa solía dejar la ventana del comedor, la que da a la calle, abierta de par en par, para permitir que el aire corra y ventilar por algunas horas.

Nunca pasa nada en mi calle asi que fue fácil advertir que, cada vez que esa ventana se abría, un tipo montado en una bicicleta, pasaba una y otra vez mirando hacia el interior sin disimulo.
"Pero este tipo es pelotudo?", gritaba para que escuchase y le cerraba la ventana, pero siempre que la abría, el mirón regresaba.
El frente de mi casa tiene unos diez metros; esos diez metros eran los que transitaba el tipo de ida y de vuelta, una y otra vez, en línea recta, pa la derecha y pa la izquierda, sin cansarse y siempre cogoteando hacia el interior. Tan despacio pedaleaba esa bici, que no se cómo hacía para no perder el equilibrio.

Es costumbre popular que, cuando uno quiere insultar a un mirón sinvergüenza, no se le grite palabras como "inteligente" o "sobresaliente" o "genial", sino por el contrario, le vocifera cosas como "idiota", "imbécil" o "pelotudo de puta". Eso hacía yo, apuntar a su coeficiente mental porque solo un tarado podía insistir con esa actitud. Me salía del alma.

Tiempo después supe que ese tipo era el hijo de Lucy, mi depiladora, y el loco y supe tambien que el muchacho es retardado.

Se llama José, tiene unos treintaypico de años pero una mentalidad de ocho, a veces menos.
Su aspecto físico, si no habla, parece el de un hombre normal. Camina derechito, apretando las cachas, con pasitos cortos, rápidos y decididos. Tiene los pies chiquitos, confirmando, una vez más, mi teoría de que a las personas que tienen los pies cortos en relación a su altura, le faltan cinco para el peso y, a veces más.

Eso de parecer normal le juega en contra. Lucy me contó que el otro día, en un colectivo, un tipo lo cagó a trompadas. Resulta que el agresor estaba con su novia, sentados en el último asiento y José, quien se siente atraído por las jóvenes en edad de merecer, clavó la mirada en sus pechos y no le sacó la vista hasta que recibió un par de piñas que le cerraron los ojos compulsivamente. Claro, el novio de la tetona, no tenía idea de que José es un chico deficiente y creyó que era un degenerado que andaba buscando roña, además de tetas.

Está de más aclarar que me da mucha pena su condición de disminuído mental, pero igualmente lo hago, para quienes crean, con lo que contaré a continuación, que soy una desalmada que se burla de un pobre tonto que no tiene culpa de haber nacido con un par de lamparitas apagadas.
Aclarado este punto, continuaré con libertad de expresión.

José se enamoró de mi desde el momento en que descubrió que sería su nueva vecina. Me lo contó su madre. Ella dice que no hace más que repetir, siempre que me ve, que soy la mujer más hermosa que ha conocido y parece que hasta hace dibujitos en los que aparezco tomada de su mano o dándole besitos.
Lucy me cuenta esto, supongo que pretendiendo inspirarme ternura pero la verdad, es que me da asquito, sobre todo, porque se que los retrasados mentales, tienen la sexualidad exacerbada e imagino que, cuando piensa en mi, no utiliza la mano precisamente para escribirme poemas.

Cada vez que salgo a la vereda a cortar el pasto, José, casualmente, sale a sentarse a la puerta de su casa y se me queda mirando de reojo. Mientras yo hago mi trabajo, él hace el suyo: se rasca o se acomoda los genitales metiendo una mano dentro del bolsillo del pantalón. A veces, noto que entra corriendo, desaparece por diez minutos y vuelve a salir a la vereda, como más tranquilo y ya sin picazón o huevo que se le desacomode.

Lucy armó en el garage de su casa, una especie de gabinete para depilar a las vecinas; con eso se gana la vida, la pobre. Es una sala de tres por dos y, en la pared del fondo, hay una ventana que da al interior de su casa. Justo ahí, pegada a dicha ventana, está la camilla en donde me acuesto para que me pele como a una gallina. Siempre que voy, tengo la sensación de que hay alguien espiando detrás de esa abertura y el otro día, lo confirmé; estaba yo recostada sobre la camilla, en ropa interior, cuando veo que la cortina comenzó a moverse como si alguien estuviese sacudiéndola con movimientos rápidos y cortos.

-Se mueve la cortina, Lucy!
-Ah! Debe ser el perro, quedate tranquila.
-Si, claro. Debe ser el perro...

A juzgar por cómo se movía la tela, el can estaba con un ataque de epilepsia o estaba temblando de frio.
"Y bueno...", pensé, "ya estoy acá. Que lo disfrute... Qué va hacer!". Y me tranquilicé pensando que estaba haciendo la buena acción del día haciendo feliz a alguien que lo necesita más que yo.

El perro, al que acusan ser quien espía detrás de la ventana del gabinete, es Beethoven y era mio. Cuando me deshice de algunas cosas, al decidir irme a vivir a Italia, regalé ese perro San Bernardo a Lucy pues no podía llevármelo. Durante años, sonaba el timbre de casa para pedirme que le permitiese a Josecito acariciarlo. El pibe adoraba a Beethoven y supuse que, dándoselo en adopción, tal vez contribuiría a su desarrollo emocional.
Cuando regresé, la madre me rogó llorando, que no le pidiera que devolviese al perro, ya que todos los avances que José había hecho gracias a su compañía, retrocerían al punto cero si sufría esa pérdida.

-Come junto a él, duerme con él. Desde que tiene a Beethoven, no sabés cuánto progresó en la motricidad fina de las manos.

Ay! Qué desagradable la escena mental que se me presentó cuando Lucy me contaba eso.

-Es increíble cómo lo ayuda, Sonia. Cuando Josecito está inquieto, se encierra con el perro un rato en su habitación y sale tranquilo, sedado. Es milagroso lo que Beethoven puede hacer con mi hijo!

Yo no quiero que me cuente esas cosas. Soy demasiado hija de puta, con buenos sentimientos, pero hija de puta al fin y siento náuseas con el relato y las imágenes que se me van ocurriendo.

La cosa es que, desde hace un tiempo, trato de evitar cruzar mi mirada con la del muchacho. Siento vergüenza, culpa. Siento como que si lo miro o le hablo, lo provoco y, la verdad, es que no es mi intención promover alguna actividad física del chico inspirada en mi persona.
Me da mucha pena pero también me da asquito y un poco de miedo.
Muchas veces, sus ojos son tan expresivos que percibo una mezcla de lascivia y odio que me dejan temblando como a la cortina epiléptica de Lucy. "Ya te voy a agarrar", perece que quisieran decirme. Los opas tienen mucha fuerza.

Dos personas se han enamorado de mi: uno, es mi marido, hace veintetrés años y el otro, es un retardado. No me hace muy feliz la conclusión...

Ojalá que el pobre Beethoven le dure muchos años más. El día que no esté, le regalo otro perro, para quedarme tranquila e ir zafando.
mayo 12, 2008
Yo no soy supersticiosa pero...
La gente supersticiosa me causa mucha gracia y me inspira burla pero, una vez que se me pasa la risa, me da miedo.

La superstición es una práctica paleolítica y no puedo creer que, en la era de la pildorita del día después, la criocirugía para solucionar el tema de hemorroides y el Wi Fi, haya personas que estén pendientes de los detalles de lo que ocurre a su alrededor, para tomar decisiones sobre los pasos que deberán dar para tener suerte o evitar la desgracia.
Yo desconfío de los supersticiosos porque, si de casualidad, encuentran en uno, cierta característica que pueda favorecerlo o, por el contrario, perjudicarlo, te sentencian a cargar con la condición de amuleto viviente o de yetattore y, una vez que te instalan el emblema, cagaste, porque no tenés vuelta atrás.

Reconozco que tengo mis prejuicios acerca de ciertas características de las personas. Por ejemplo, pienso que la gente que tiene labios muy finitos es desconfiable o que, quiene